Nuestra forma de
intervención implica la inserción de equipos de trabajo en el territorio
mismo donde se pretende incidir.
Asumimos que somos un actor que interviene -no solo por demanda sino por
motu propio- en la vida colectiva de comunidades y pueblos.
Representamos una fuerza y unos intereses específicos, poseemos un poder
que se pone en juego con los poderes de otros actores también presentes
en las regiones donde nos insertamos. Entendemos nuestra intervención
como un ejercicio de fuerza que revela de entrada un sentido político
y demanda tácitamente una respuesta de la misma índole. Un trabajo para
la creación de condiciones de reciprocidad y diálogo entre los distintos
participantes; no sólo entre Enlace y las organizaciones y grupos comunitarios,
sino de nosotros con otros actores de la misma región.
Por ello, para orientar e interpretar
nuestro trabajo, hemos retomado el concepto de interculturalidad, entendida
ésta como comunicación y diálogo entre culturas. La interculturalidad es un
proceso de diálogo que debe llevar a espacios para la negociación y el consenso
de nuevas formas de gestión de la vida social, política, económica y cultural:
no es posible olvidar que, como experiencia cotidiana, implica “dejarse tocar”,
interpelar por el otro diferente. En el encuentro y contacto con el otro, cada
quien pierde algo de sí, pero también gana algo del otro. Compartir vida e
historia con la otra o el otro diferente, des-aprender lo propio y aprender
con él o con ella, es el fundamento de esta pedagogía de la diversidad,
pero también de una política de la autonomía. La experiencia cotidiana de la
interculturalidad nos obliga a fomentar el diálogo y el contacto, a tender
puentes hacia el otro diferente. Al esforzarnos mediante nuestra intervención
por crear un diálogo intercultural como ejercicio mutuo de autonomía entre
distintos sujetos involucrados en un proyecto de transformación, cancelamos,
paradójicamente, el carácter mismo de la intervención. Al interactuar con
las organizaciones sociales y comunitarias, buscando incrementar sus
posibilidades de incidencia y de autonomía, incrementamos de manera directa
nuestros propios alcances como organización.
El trabajo de intervención de Enlace
en las diferentes regiones donde actuamos, es un proceso que puede ser ubicado
tanto en su inicio como en su terminación. Cada momento de este proceso
significa para nosotros una forma diferente del vínculo, de la relación
entre Enlace y los grupos comunitarios. Este proceso es una condición misma
del lazo de reciprocidad que buscamos establecer, condición que se hace y
rehace en la medida en que el vínculo con la comunidad se transforma.
Reconocemos en términos generales tres grandes momentos dentro del proceso
de intervención de Enlace: inserción; experimentación y/o desarrollo; y
extensión y/o retiro.
Reconocemos la necesidad de impulsar
nuestro trabajo desde una visión de integralidad de la realidad comunitaria
durante este proceso de intervención. Por ello, hemos identificado tres
dimensiones, campos o ámbitos de acción que son imprescindibles para una
abordaje completo de la dinámica comunitaria y social. Estas dimensiones
son las siguientes: lo económico / ecológico; lo político / organizativo;
y lo educativo / comunicativo.